El ambiente mediterráneo más favorable para el crecimiento de los árboles de cítricos es escasamente lluvioso y las precipitaciones se agrupan entre otoño e invierno. Por lo tanto el limón y los cítricos en general, que no soportan la sequía veraniega, necesitan un correcto riego.

En materia de agua, los cítricos son particularmente exigentes. Antepuesto que la tolerancia respecto a las varias sales presentes en las aguas de riego varía también en relación con el portainjerto y con la especie, debe tenerse presente en todo caso que en general la excesiva presencia de cloro, boro o sodio en el agua puede perjudicar a la planta de limón en términos cualitativos y cuantitativos.

Uno de los sistemas de riego más adecuado para los cítricos es decididamente el riego por goteo, que al menos es el preferido por las plantaciones de cítricos de Sicilia y Calabria.

CONSEJOS PARA LA PODA de los árboles de limón

Los árboles de limón deben ser podados solo en verano, mejor si después de la segunda semana de julio. En efecto, antes del verano y sobre todo en los meses de febrero y marzo, la planta está en plena floración y acumula sustancias fundamentales de reserva nutritiva de las cuales depende luego el cuajado del fruto, es decir la fase inicial de su formación. En general, para la poda deben evitarse los períodos muy calurosos y aquéllos muy fríos.

En las operaciones de poda debe aligerarse la copa del árbol eliminando las ramas secas, rotas, aquéllas curvadas abajo y las que ya han florecido.
Las ramas largas sin frutos, llamadas ‘mamones’, deben ser extirpadas tanto en las plantas jóvenes como en las adultas, si provienen de la base de las ramas más grandes, o sencillamente despuntadas si se encuentran en el área periférica de la cabellera del árbol. En general la poda de los cítricos nunca debe ser excesiva a fin de mantener el justo equilibrio entre vegetación y producción de los frutos.

Las podas son indispensables en caso de ataque parasitario por parte de las cochinillas (insectos que colonizan en modo macizo las partes jóvenes de las plantas, los brotes y las hojas, perforan la lámina foliar de los fustes jóvenes y se alimentan de su savia, rica en azúcares) o bien cuando la planta ha llegado a tal altura que se hace difícil la recolección de los frutos desde el suelo.